La pizza es uno de esos alimentos que se consume en casi cualquier parte del mundo. Existen diferentes versiones, como la americana o la italiana y, dentro de estas, muchos otros tipos según los ingredientes con los que se elabore. Margarita, carbonara, cuatro quesos, marinara, barbacoa, napolitana, cuatro estaciones, romana... Elegir entre todas estas pizzas, a veces, es casi imposible y, si las hacemos nosotros mismos, podemos echarle casi cualquier alimento que nos apetezca. Además, podemos encontrar pizzas tanto en supermercados como en restaurantes especializados en ello o no, en bares o comprar lo necesario para hacerla en casa. Sin embargo, si quieres comer una buena pizza italiana, la mejor opción es acudir a una pizzería especializada que cumpla con la manera tradicional de hacerlas. Uno de los establecimientos de pizzas que está dando que hablar en los últimos años es Il figlio di Emiliano , pizzería inspirada en el estilo napolitano que puso en marcha Eric Ayala. El ahora pizzaiolo se formó en Nápoles al morir su padre, cumpliendo así su sueño de conocer todos los secretos de la masa, cocción y preparación de una auténtica pizza napolitana. Con el tiempo, después de haber practicado mucho y haber vuelto a España a cocinar a su familia, terminó montando su propio negocio en su tierra, Sabadell, al que llamó Il figlio di Emiliano, nombre en honor a su padre. Tal es el nivel de su producto que, en 2024, logró ocupar el puesto número 89 de la lista 'The Best Pizza Awards', convirtiéndose en una de las cuatro pizzerías españolas que entran en el ranking de las mejores del mundo. Como en todo negocio, además de sus secretos de cocina, el personal que ha contratado o el trato a los clientes, los números están detrás de que pueda o no prosperar y, por el momento, parece que la pizzería de Eric Ayala se mantiene con éxito. Para hablar sobre cifras y cuánto cuesta llevar una empresa así, el creador de contenido Eric Ponce se trasladó hace un tiempo hasta la pizzería de Ayala, donde el pizzaiolo contestó a algunas preguntas como esta: «¿Cuánto es el coste de materiales de una pizza?». Ante esta cuestión, el dueño de la pizzería expuso lo siguiente: «Una pizza cualquiera de las que tengo aquí creo que de media, sin el IVA tienes que hablar siempre, se vendían a 12 euros y medio. Si tú pones todas las pizzas y haces la media sin el IVA, era 12,5 euros, me parece recordar». Para seguir contestando, añadió: «El coste de venta, en mi caso, es un 30 o 31% por ciento. O sea, 12 y medio lo multiplicas por 0,3 y te saldrá lo que me cuesta hacer una pizza a nivel de materia prima. Luego, a nivel de personal, pues le pones otros 30-35% y, los fijos, ahí es donde tú tienes que apretar para hacer lo máximo y que se te bajen mucho [...] Los costes fijos que aquí me varía bastante, depende del mes: si el mes es flojo me suben bastante los costes fijos, eso no es un porcentaje. Hasta aquí estábamos hablando de cosas variables, pero de lo que te hablo ahora ya no es variable por lo tanto ahí nunca se sabe», detalló Ayala. Al preguntarle cuáles son esos costes fijos, el pizzaiolo contestó lo siguiente: «Tengo muchos fijos, fliparías. El local, el almacén, suscripciones de mil historias... Yo lavando ropa, creo que me gasto 800 euros al mes, lavando ropa de los chavales, no es ninguna broma», dijo, haciendo referencia a los uniformes, delantales y otros textiles que se usan en el negocio. Ayala contó que se lo llevan de una lavandería y después «te lo devuelven todo limpio», contando esto como uno de sus muchos gastos fijos, entre los que también hay básicos como los suministros, la leña del horno, la materia prima, etcétera. Según contó, su objetivo para ese año era mirar si en el negocio hay gastos inecesarios «porque hay mucha locura» y consideró que no puede estar gastándose 800 euros mensuales en lavar ropa, por ejemplo. Ayala no especificó todos y cada uno de los gastos que suponen llevar una pizzería de éxito como la suya, que produce unas 10.000 pizzas al mes, pero sí añadió algunos números más como este: «Yo me gasto al mes entre 2.000 y 3.000 euros en lo que comen los chavales» u otros «2.000 euros en paneras», una inversión de tantas que hicieron el año pasado en Il figlio di Emiliano.
La limpieza del hogar es algo fundamental para mantener nuestra casa aseada y en buenas condiciones. Pero más allá de eso, una vivienda limpia también puede proporcionar a quienes viven en ella sensación de tranquilidad al comprobar que todo está en orden. Existen productos para prácticamente todo: la vitrocerámica, los suelos, los muebles de madera, el baño... El polvo es un elemento habitual que se cuela en prácticamente todas las casas. Hay numerosos métodos para quitarlo, pero uno de los más extendidos es verter el producto de limpieza sobre una bayeta de microfibra. Sin embargo, aunque limpiar esto no tiene mayor complicación podrías no estar utilizando bien estos trapos. Maribel Mendoza, una experta en limpieza y orden que utiliza sus redes sociales para dar consejos sobre ello y decoración, compartió en sus redes sociales un vídeo explicando que, a pesar de lo que pueda parecer, las dos caras de la bayeta no son iguales. Explica en su vídeo que estos trapos «tienen dos caras» y cada una tiene su función. «Una es la interior, sirve para extender el producto, y la otra, la exterior, sirve para secarlo», cuenta. Para diferenciarlas mejor añade en la descripción que la cara interior «tiene la fibra más corta para limpiar» y en la parte exterior la fibra es más larga. «Haciéndolo al contrario quedan marcas en las superficies», añade. Aunque el vídeo es de 2024, algunos usuarios lo recuperaron hace meses. En los comentarios muchas personas reconocieron que no sabían que este producto aparentemente tan sencillo tenía dos funciones.
Semana Santa supone una fecha ideal para realizar una escapada a alguno de los espectaculares destinos repartidos por toda la geografía española. En este sentido, Extremadura es una de las regiones que destacan más dentro de nuestro país por su combinación de tradición, historia y naturaleza. Sus ciudades y pueblos, como Cáceres, Mérida, Trujillo o Plasencia, ofrecen procesiones cargadas de fervor religioso, con imágenes centenarias, pasos solemnes y un ambiente sobrecogedor que atrapa tanto a devotos como a visitantes curiosos. No obstante, más allá de las celebraciones religiosas, Extremadura se convierte en un escenario perfecto para realizar una escapada en Semana Santa, ya que permite disfrutar de su impresionante patrimonio y su precioso entorno natural. En este sentido, existe un pueblo que destaca por ser un remanso de paz rodeado de naturaleza. Hablamos de Robledillo de Gata , situado en el norte de la provincia de Cáceres y considerado por muchos como el pueblo más bonito de Extremadura. Este pequeño municipio, de apenas 95 habitantes, está enclavado en la Sierra de Gata, colindante con Portugal y la provincia de Salamanca. Robledillo de Gata está declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico y forma parte de la red de 'Los pueblos más bonitos de España'. Y no es para menos: su arquitectura es especialmente peculiar, ya que está formada por casas de adobe, piedra y madera, con tejados de pizarra que confieren un tono 'negro' y oscuro al municipio. Llamativos son también los aleros de madera, tan pronunciados que, en las calles más estrechas, crean pasadizos en los que apenas pasa la luz del sol. Pasear por las calles empedradas y callejones estrechos de este pequeño pueblo de Cáceres es detenerse en el tiempo, por lo que se trata de una escapada ideal para los amantes del turismo rural. La arquitectura religiosa de Robledillo está presidida por la Iglesia Parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. Se trata de una construcción del siglo XVI que cuenta con planta rectangular y una sola nave dividida en cuatro tramos. Cubriendo los techos de la sacristía se encuentra un bello artesonado mudéjar, posiblemente una de las joyas más preciadas de este edificio. Además, el pueblo cuenta con tres ermitas: la del Cordero y la del Humilladero, del siglo XVl, y la dedicada a San Miguel. Sin embargo, quien visite Robledillo de Gata no lo hará por sus monumentos históricos, sino por su esencia rural y por estar rodeado de un entorno natural privilegiado. El río Árrago cruza el pueblo formando pequeñas cascadas y saltos. Además, el pueblo está atravesado por puentes de madera que le confieren un encanto especial. Robledillo también cuenta con un pequeño Museo del Aceite, ubicado en un antiguo molino, que muestra el proceso tradicional de elaboración del aceite de oliva. Y es que, el aceite, junto con el vino, han sido materias primas de la zona para viticultores, almazareros y artesanos de este encantador pueblo que merece la pena visitar al menos una vez en la vida.